Combinaciones de cartas del tarot

De los significados aislados a una frase única
La mayor diferencia entre quien empieza y un lector experimentado no está en el número de significados memorizados sino en la capacidad de vincularlos entre sí. Quien empieza lee cada carta por separado y después se detiene, con lo cual la lectura resulta una lista y no un relato. El experimentado lee las cartas como una frase única en la que cada parte tiene su lugar. Esa destreza no se adquiere memorizando tablas de combinaciones, puesto que el número de parejas posibles en una baraja de setenta y ocho cartas supera las tres mil y memorizarlas resulta imposible. Se adquiere en cambio un modo de mirar: la búsqueda de repeticiones, de oposiciones y de progresiones, y esos son unos pocos instrumentos aplicables a cualquier tirada. Funcionan además con cartas que el lector nunca ha visto juntas, y en eso se distinguen de cualquier tabla memorizada. Las tablas hechas no sirven porque desconocen tanto la pregunta como la posición.
La repetición de palos
El reparto de palos se observa antes que nada en toda tirada, y eso proporciona el título de la lectura antes que sus detalles. El predominio de Bastos indica un asunto de impulso, proyectos y movimiento. El predominio de Copas indica un asunto de sentimientos y vínculos. El predominio de Espadas indica pensamiento, desacuerdo e inquietud. El predominio de Oros indica dinero, trabajo y salud. Se lee además la ausencia: el vacío de Copas en una lectura sobre vínculos indica que el asunto resulta más tangible de lo que parece, y el vacío de Oros en una lectura sobre trabajo indica que el asunto no atañe al oficio en absoluto. Esa observación precede a la lectura de las cartas por separado y se hace en los primeros treinta segundos de mirar la tirada. Ese solo hábito mejora una lectura más que memorizar decenas de combinaciones.

La repetición de números
La repetición de un mismo número en dos o más cartas porta una indicación fuerte, puesto que señala una etapa común en terrenos distintos. La aparición de varias cartas con el número cinco indica una turbulencia general con independencia de los palos, y la de varias con el número tres indica una etapa de primeros frutos. Los números contiguos indican un desarrollo continuo: la presencia de un siete y un ocho de un mismo palo dice que la etapa de evaluación concluyó y empezó el trabajo. La repetición del número diez indica en cambio un ciclo que se cierra en más de un lugar, y eso señala un giro amplio y no un suceso aislado. Conviene notar que la repetición numérica pesa más que la semejanza de significados, puesto que es estructural y no interpretativa. Comprobarlo resulta posible en cualquier tirada donde los números se repitan con palos distintos.
La dirección de la mirada y las posturas
Las imágenes se leen por sus vínculos visuales y no solo por sus significados, y eso vuelve la baraja de Waite apta para leerse a simple vista. Si dos figuras contiguas se miran, hay vínculo; si se han apartado, hay separación o distracción. Si una figura mira hacia la carta vecina, hay atención dirigida hacia lo que esa carta representa. Se observa además lo que las figuras llevan: la oposición entre una mano tendida y otra cerrada dice algo sobre el intercambio en ese asunto. Esta lectura funciona bien en las tiradas pequeñas y exige selección en las amplias. No se vincula cada figura con cada figura sino que se atiende a lo que aparece sin forzarlo, ya que un vínculo forzado se reconoce enseguida al pronunciarlo en voz alta. Esa comprobación en voz alta resulta el filtro más rápido disponible.
Arcanos mayores junto a menores
La combinación de mayores y menores en una misma tirada determina el nivel del asunto. La carta mayor describe el contorno general y la menor describe lo que ocurre dentro de él. La aparición de la Muerte junto al ocho de Copas dice que la marcha que se plantea forma parte de una transformación más amplia y no de una decisión aislada. La aparición de la Torre junto al tres de Oros dice que el derrumbe de una construcción atañe a un trabajo compartido. Se observa además la proporción: la abundancia de mayores indica una etapa que supera la capacidad de una acción cotidiana para modificarla deprisa, y su escasez indica asuntos corregibles con decisiones pequeñas de esta semana. Esa distinción determina el tipo de consejo con más precisión que cualquier significado aislado. A quien tiene predominio de menores cabe decirle qué hacer esta semana.
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Oposición y contradicción
Dos cartas de una misma tirada pueden parecer contradictorias, y junto a una de abundancia aparece otra de carencia. Eso no constituye una avería sino un dato en la mayoría de los casos, puesto que señala una brecha real en la situación: entre lo disponible y lo que se siente, o entre lo que se dice y lo que se hace. El nueve de Oros junto al cinco de Oros dice que la suficiencia existe y la sensación de ella falta, y esa es una lectura exacta de un estado frecuente. Por eso la contradicción se lee tal cual en lugar de forzar la conciliación. Si persiste sin sentido alguno, la causa está en una pregunta que unió dos asuntos distintos en una misma formulación, y eso se descubre releyendo la pregunta escrita. Separarla en dos preguntas disuelve la contradicción por sí solo.
Combinaciones frecuentes que conviene conocer
Existen parejas que se repiten con tal frecuencia que han acabado siendo conocidas por sí mismas. La Torre con el Sol se lee como un derrumbe seguido de claridad. La Muerte con la Estrella se lee como un final seguido de recuperación. El tres de Espadas con el cuatro de Espadas se lee como una herida seguida de un retiro para curarse, y esa es una secuencia natural dentro de un mismo palo. El siete de Copas con el ocho de Copas se lee como un exceso de posibilidades que termina en una marcha. El cuatro de Oros con el cinco de Oros se lee como una contracción nacida del miedo a la carencia. No se memorizan como reglas sino que se toman como ejemplos de un modo de vincular, ya que el modo importa más que la lista y una misma pareja se lee de dos maneras según la pregunta y la posición. Quien conoce el modo lee además parejas que no figuran en ninguna tabla.
Cuándo se deja de vincular
El vínculo tiene un límite a partir del cual se convierte en forzamiento, y su señal consiste en que el lector construye relaciones que nada en las imágenes sostiene. Quien se descubre buscando con esfuerzo una conexión entre dos cartas se enfrenta con toda probabilidad a dos cartas que en esa lectura no la tienen. Eso no constituye una dificultad, puesto que no se exige que cada carta se vincule con todas las demás. El criterio tangible consiste en que la lectura termine en algo que quepa en tres frases sin rodeos. Si eso no se consigue, el remedio está en revisar la pregunta y las posiciones y no en inventar vínculos adicionales. Decir que aquí no se ve conexión resulta más útil que un vínculo forzado que desvía la lectura entera. No se exige que cada carta se relacione con todas las demás.






