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Cómo empezar a leer el tarot

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La primera semana

Muchos empiezan intentando leer una tirada completa el primer día, y eso termina pronto con el asunto entero. Un comienzo más adecuado resulta más tranquilo: se abre la baraja y se miran las cartas una por una en orden, desde el Loco hasta el Rey de Oros, sin leer significado alguno. El propósito aquí es el reconocimiento visual y no la comprensión. Después se eligen tres cartas que hayan atraído la mirada y tres que hayan producido incomodidad, y se anota una línea sobre cada una. Ese ejercicio ocupa una hora y aporta lo que no aportan semanas de memorización, puesto que construye el primer vínculo con las imágenes en lugar de cargarlas de significados antes de haberlas visto. Conviene repetir ese mismo ejercicio seis meses después, y entonces la distancia recorrida se descubre con una claridad que ningún otro método proporciona. Las primeras anotaciones se conservan precisamente para esa comparación.

La primera extracción

Después del primer reconocimiento se saca una carta, y conviene que la pregunta permanezca general al principio: qué merece atención hoy. La carta se describe en lenguaje sencillo antes de abrir ningún libro: qué ocurre en la imagen, en qué estado están sus figuras, qué falta. Después se lee el significado corriente y se compara con lo dicho. La sorpresa habitual consiste en que la coincidencia resulta amplia, y eso construye la primera confianza. Se repite a diario durante dos semanas antes de pasar a cualquier otra cosa, ya que una carta al día durante dos semanas supera en efecto a diez tiradas amplias. Se saca a una hora fija del día, puesto que una hora fija convierte el ejercicio en costumbre antes de que se apague el entusiasmo inicial, y la mañana conviene a la mayoría más que la tarde. La razón está en que la observación posterior a una extracción matinal se extiende a la jornada entera.

La primera tirada de tres cartas

Al cabo de dos semanas se prueba la primera tirada de tres cartas. Los significados de las posiciones se determinan antes de sacar y no después, y la combinación más útil para quien empieza no es pasado, presente y futuro sino situación, obstáculo y paso siguiente. La razón está en que esta combinación termina en algo que puede hacerse, mientras que la primera termina en una descripción con la que no hay nada que hacer. Las tres cartas se leen juntas después de leer cada una por separado, y después se construye con ellas un discurso que no exceda las tres frases. Si eso no se consigue, la tirada no se ha entendido, y el remedio consiste en volver a mirar y no en añadir una cuarta carta. Conviene limitarse a esta tirada durante dos meses enteros, ya que dominar tres cartas abre todo lo demás. Se presta atención especial a la segunda posición, puesto que descubre con frecuencia que el obstáculo está dentro y no fuera.

La construcción de la pregunta al principio

La mayor confusión de quien empieza está en la pregunta y no en las cartas. Las preguntas cerradas con respuesta de sí o no desperdician las imágenes, y las preguntas abiertas sin límites producen lecturas generales. La construcción tangible empieza por qué exactamente o de qué modo y delimita el terreno y el plazo: qué detiene exactamente este proyecto durante este mes. Al principio se evitan tres tipos: las preguntas sobre plazos, puesto que el tarot resulta débil en ellas; las preguntas sobre las intenciones de otra persona, puesto que eso es adivinación sobre asuntos ajenos; y las preguntas reformuladas muchas veces, puesto que eso indica una respuesta conocida y rechazada. La pregunta se escribe siempre antes de sacar, ya que con frecuencia se descubre que su primera formulación no describe lo que realmente preocupa. Se reformula entonces hasta que resulte lo bastante concreta para admitir respuesta.

El cuaderno desde el principio

El cuaderno se abre el primer día y no meses después. En él se anotan la fecha, la pregunta, las cartas y tres líneas de lo comprendido, dejando espacio libre para volver. Su valor no aparece en las primeras semanas sino al cabo de dos meses, cuando se releen las anotaciones anteriores y se ve qué resultó acertado y qué era un deseo. El cuaderno descubre además las cartas que regresan con insistencia y las preguntas que vuelven con distintas construcciones. Quien descuida ese paso se queda sin el único instrumento para medir su avance y al cabo de un año no puede establecer si ha mejorado. Conviene anotar además el estado en que se encontraba ese día, puesto que una lectura hecha con cansancio difiere de una hecha con calma. Basta una palabra sobre ese estado y ahorra desconciertos posteriores.

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Las cartas invertidas al principio

Conviene aplazar el trabajo con cartas invertidas durante los primeros meses. Quien empieza se enfrenta ya a setenta y ocho significados, y añadir las invertidas duplica la carga antes de consolidar la base. La sustitución tangible consiste en leer todas las cartas en posición derecha y apoyarse en las vecinas para determinar su fuerza y su dirección. Al cabo de seis meses pueden introducirse si se desea, y entonces se leen como un debilitamiento del significado, como su clausura o como su manifestación en forma de sombra, y no como una oposición literal. Importa que la elección permanezca constante dentro de una misma lectura, puesto que pasar de un método a otro según lo que aparezca vuelve el resultado ajustable al deseo y vacía el ejercicio entero. Esa elección se anota en el cuaderno desde el principio para que no se olvide.

Qué esperar en el segundo mes

La mayoría de quienes empiezan atraviesa una época de bajón alrededor del segundo mes: las lecturas parecen iguales, las cartas pierden su nitidez inicial y aparece la sensación de que nada avanza. Esa época resulta previsible y tiene una causa sencilla: la novedad ha terminado y el dominio todavía no ha empezado. Ayudan en ella tres cosas: reducir el número de extracciones en lugar de aumentarlo, volver al estudio de una sola carta durante una semana entera y releer las anotaciones anteriores del cuaderno. Quien atraviesa esa época descubre que los asuntos se aclaran de manera notable después del cuarto mes. Conviene recordar que la sensación de bajón indica el final de una etapa y no la ausencia de capacidad, y quien se detiene aquí suele regresar al mismo punto de partida años después. Esa época pasa sola si sencillamente se atraviesa sin aumentar la carga.

La primera lectura para otra persona

Ese paso suele aplazarse más de lo conveniente, y resulta mejor darlo alrededor del segundo mes. Se elige a una persona indulgente que sepa que quien lee está aprendiendo, y se emplean tres cartas y no más. Al principio se dice con claridad que la lectura es de aprendizaje y que no ofrece consejo médico, legal ni financiero. Se permite hablar a quien pregunta durante la lectura, puesto que sus comentarios abren caminos que no aparecen al leer para uno mismo. Al final se le pregunta qué resultó útil y qué no, y ese solo comentario equivale a semanas de ejercicio en solitario. Se resiste el impulso de suavizar lo dicho para complacer a quien pregunta, ya que una lectura que dice lo deseado no le sirve a nadie. Se dice lo que las cartas dicen realmente y se nombra con claridad aquello sobre lo que callan.

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