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Significados de los arcanos menores

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Qué distingue a esta parte

Los arcanos menores son cincuenta y seis cartas, es decir, más de dos tercios de la baraja, y aun así reciben en los libros menos espacio que los mayores. Ese descuido perjudica a quien estudia, puesto que son precisamente estas cartas las que aparecen en la mayoría de las lecturas y las que atienden a lo que realmente puede modificarse. Mientras los mayores describen grandes puntos de giro, los menores describen los detalles de la vida cotidiana: el trabajo, el dinero, los vínculos, la salud, los desacuerdos y las decisiones pequeñas. Por eso una lectura donde predominan los menores resulta más cercana a lo que puede hacerse esta semana, y eso constituye una ventaja y no un defecto. Quien los descuida en su estudio queda indefenso en la mayoría de las lecturas tangibles. Constituyen más de dos tercios de la baraja y aparecen en las tiradas en esa misma proporción.

La construcción que evita memorizar

Estas cartas se estudian mediante cálculo y no mediante memorización, y eso vuelve cincuenta y seis cartas más fáciles de lo que parecen. Cada carta tiene dos partes: el palo, que determina el terreno, y el número, que determina la etapa. Los palos son cuatro con terrenos conocidos, y los números son diez y se comportan igual en todos ellos. Cuando se dice seis de Copas, el significado es una reparación en el terreno del sentimiento; y cuando se dice cinco de Oros, el significado es la ruptura de una estabilidad en el terreno material. Ese cálculo produce un significado muy próximo al corriente en la mayoría de las cartas, y quedan dos o tres excepciones que se memorizan aparte, como el siete de Espadas y el cuatro de Copas. Así los meses de memorización se reducen a semanas de comprensión. La diferencia entre ambos caminos se descubre con nitidez después del tercer mes.

El recorrido de cada palo del as al diez

Cada palo se lee como un relato coherente y no como un conjunto de cartas sueltas, y esa lectura fija los significados más rápido que ningún otro método. El as es un comienzo puro, después en el dos aparece la división y la elección, después en el tres el primer fruto, después en el cuatro la estabilidad, después en el cinco su ruptura, después en el seis la reparación, después en el siete la prueba, después en el ocho el movimiento y el empuje, después en el nueve la última etapa antes de la conclusión, y después en el diez el cierre del ciclo. Quien lee los cuatro palos de ese modo descubre cuatro relatos con una misma estructura y contenidos distintos, y compararlos entre sí constituye el camino más rápido para dominar esta parte entera. Basta con extender las cartas de cada palo en orden y leerlas de una vez.

El palo de Bastos

El elemento de los Bastos es el fuego y su terreno son el impulso, los proyectos, la fuerza y el entusiasmo. Su recorrido va de la primera chispa en el as a la elección de dirección en el dos, al primer rastro externo en el tres, a la celebración de lo alcanzado en el cuatro, al roce y la competencia en el cinco, a la victoria reconocida en el seis, a la defensa de una posición en el siete, a la aceleración en el ocho, a la resistencia con heridas en el nueve y a la carga excesiva en el diez. Es el palo más rápido en su marcha y el más ligado al comienzo, y su dificultad más frecuente consiste en continuar después de que se apague el entusiasmo inicial. Le corresponden los signos de Aries, Leo y Sagitario, y sus cartas numéricas se reparten por los decanatos de esos signos. El as queda fuera de ese reparto como raíz del elemento.

El palo de Copas

El elemento de las Copas es el agua y su terreno son los sentimientos, los vínculos y la intuición. Su recorrido va de la apertura emocional en el as al intercambio equilibrado en el dos, a la alegría compartida en el tres, al enfriamiento y la distracción en el cuatro, a la pérdida real en el cinco, al recuerdo y la suavidad en el seis, al exceso de posibilidades en el siete, a la marcha deliberada en el ocho, a la satisfacción personal en el nueve y a la plenitud compartida en el diez. Es el palo más lento en sus cambios y el más ligado a lo no pronunciado, y su dificultad más frecuente consiste en confundir el sentimiento con las circunstancias. Le corresponden los signos de Cáncer, Escorpio y Piscis, y el as queda fuera de ese reparto como raíz del elemento. Esa lentitud distingue a las Copas de los demás palos con claridad.

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El palo de Espadas

El elemento de las Espadas es el aire y su terreno son el pensamiento, la palabra y el conflicto. Su recorrido va de la claridad repentina en el as al estancamiento entre dos opciones en el dos, a la herida de una verdad dicha en el tres, al reposo y la convalecencia en el cuatro, al desacuerdo con consecuencias en el cinco, al tránsito y la partida en el seis, a la astucia en el siete, a la autolimitación en el ocho, a la ansiedad nocturna en el nueve y a un final seguido de amanecer en el diez. Es el palo más difícil de leer y el que más inquietud provoca, y el error más frecuente consiste en leer sus imágenes en el plano del suceso y no del significado. Le corresponden los signos de Libra, Acuario y Géminis. Eso explica el predominio del tono mental en todo este palo.

El palo de Oros

El elemento de los Oros es la tierra y su terreno son el dinero, el trabajo, la salud y lo tangible. Su recorrido va de una oportunidad concreta en el as al reparto entre dos lados en el dos, al trabajo conjunto con papeles definidos en el tres, a la contracción y la cautela en el cuatro, a la carencia en el cinco, al reparto y la entrega en el seis, a la evaluación a mitad de camino en el siete, a la repetición y la maestría en el ocho, a la autonomía en el nueve y a la herencia entre generaciones en el diez. Es el más lento de los cuatro palos y el más subestimado, puesto que atiende a lo que sigue funcionando después de que el entusiasmo se apaga. Le corresponden los signos de Capricornio, Tauro y Virgo. Eso explica su lentitud y su vínculo con la construcción, la adquisición y la maestría.

Las figuras de la corte dentro de esta parte

A las cartas numéricas se añaden dieciséis figuras de la corte, cuatro por palo, y son lo más difícil de la baraja. No llevan números, y su posición cumple esa tarea: la Sota es la etapa del aprendizaje, el Caballero la de la liberación completa, la Reina la del vuelco hacia dentro y el Rey la de la maduración y del empleo en el mundo exterior. A eso se añade un segundo elemento propio de la posición, con lo cual cada carta recibe una combinación doble. Se estudian en las últimas etapas y por comparación y no por separado: las cuatro Sotas juntas, después los Caballeros, después las Reinas, después los Reyes, y después las cuatro cartas de cada palo. Con esas dos revisiones la red entera se vuelve comprensible en semanas. Después se vincula cada posición con una persona real conocida para fijar el significado.

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