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Significados del palo de Copas

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El agua y su terreno

El agua es el elemento de las Copas, y su terreno son los sentimientos, los vínculos, la intuición y lo que no se pronuncia. Es el más lento de los palos en sus cambios y el más ligado a lo que ocurre bajo la superficie. Se dibuja en forma de copas doradas, y en él se repiten las representaciones del agua en todas sus formas: lago, río, mar y lluvia. Conviene atender a la posición del agua en cada carta, puesto que la que corre a espaldas de una figura es un sentimiento apartado, la que hay bajo sus pies es aquella en la que se entra, y la que se derrama por el borde es un sentimiento que sale al mundo. Se repite además el pez como signo del contenido de lo inconsciente y de lo que todavía no ha tomado forma, y aparece en la copa de la Sota, en la ropa del Caballero y en el colgante del Rey. Ese orden habla del paso de la sorpresa a la costumbre y después a la carga.

Los tres signos de agua

Este palo se atribuye a tres signos de agua: Cáncer, Escorpio y Piscis. El dos de Copas es el primer decanato de Cáncer con Venus, el tres es el segundo decanato de Cáncer con Mercurio, y el cuatro es el tercer decanato de Cáncer con la Luna. Después la serie pasa a Escorpio en el cinco, el seis y el siete, y a Piscis en el ocho, el nueve y el diez, mientras que el as permanece como raíz del elemento entero. Esa atribución explica ciertas posiciones concretas: la presencia del cinco en Escorpio con Marte explica la agudeza de su pérdida, y la del diez en Piscis con Marte explica que su plenitud esté construida y no regalada. Explica además la lentitud general de este palo frente a los demás. El as permanece fuera de ese reparto como raíz del elemento.

De la apertura a la pérdida

Todo arranca con una copa de la que brotan cinco chorros y una paloma que desciende hacia ella, es decir, una apertura emocional que no se fabricó sino que llegó. Después el dos con dos personas que intercambian copas bajo un caduceo, es decir, un vínculo apoyado en la igualdad. Después el tres con tres mujeres que alzan sus copas sobre una cosecha, es decir, una alegría compartida tras una época de trabajo. Después el cuatro con un joven de brazos cruzados que no advierte la copa que se le tiende, es decir, un enfriamiento y una atención desviada y no un final. Después el cinco con una figura que mira tres copas volcadas dando la espalda a dos intactas, es decir, una pérdida real con algo que permanece sin advertirse. En el fondo aparece además un puente ya construido. Es visible y transitable, y en ese momento no hay nadie sobre él.

De la suavidad a la plenitud

Sigue el seis con un niño que tiende una copa con una flor, es decir, suavidad y un recuerdo que aporta algo útil. Después el siete con siete copas flotando en una nube y algo distinto dentro de cada una, es decir, un exceso de posibilidades sin que ninguna haya bajado al suelo. Después el ocho con una figura que deja ocho copas ordenadas con un hueco entre ellas, es decir, una marcha deliberada de algo aparentemente completo. Después el nueve con un hombre sentado ante nueve copas alineadas, es decir, una satisfacción personal alcanzada. Después el diez con una familia bajo un arcoíris, es decir, una plenitud que se extiende más allá de una sola persona. Merece atención que el arcoíris solo aparece después de la lluvia. Esa plenitud tiene por tanto una historia previa y no ha surgido de la nada.

Los cuatro rostros del agua

Cuatro etapas del agua en una persona aparecen en las figuras de la corte. La Sota de Copas es un joven de cuya copa asoma un pez que lo mira, y eso es una intuición que llega de repente y sin llamarla. El Caballero de Copas avanza sobre un caballo al paso llevando una copa ante sí, y eso es un acercamiento con intención pensada y no un impulso. La Reina de Copas aparece sentada al borde del mar con una copa tapada y es la única que mira lo que tiene en las manos, y eso es una profundidad de sentimiento que tiene límites. El Rey de Copas aparece sentado en un trono que flota sobre un mar en movimiento y permanece nivelado, y eso es la estabilidad que permite juzgar dentro del sentimiento. El pez se repite en esas tres cartas en un orden elocuente. Lo que la Sota ve como sorpresa el Caballero lo lleva puesto y el Rey lo lleva colgado al cuello.

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Qué significa el predominio de Copas

Cuando las Copas dominan una tirada, el asunto resulta emocional aunque la pregunta versara sobre trabajo o dinero. Esa es una de las observaciones más útiles y tangibles, puesto que la aparición de muchas Copas en una lectura sobre el oficio indica con más frecuencia que el asunto no atañe al oficio en absoluto. Su ausencia completa en una lectura sobre vínculos indica en cambio que el asunto resulta más tangible de lo que parece o que el sentimiento ha quedado fuera del cálculo. Conviene atender a las posturas de las figuras: mirarse indica vínculo y darse la espalda indica distracción, y esa lectura visual resulta especialmente precisa en este palo. Se atiende además a la posición del agua en cada carta. Indica dónde se encuentra el sentimiento respecto de quien lo porta.

Los tres errores con las Copas

Tres lugares concentran los errores de interpretación. El primero es leer el cuatro como abatimiento, cuando es un enfriamiento y una atención desviada de cosas buenas que se han vuelto invisibles por costumbre. El segundo es leer el cinco como el final de todo, cuando a espaldas de la figura permanecen dos copas intactas y la carta describe un estrechamiento del campo visual y no la desaparición de lo que queda. El tercero es leer el diez como medida de cómo debería ser una vida, y esta carta resulta más propensa que ninguna otra a ese uso, con lo cual pasa de descripción a presión. A quien su situación queda lejos de esa imagen, la carta no le dicta sentencia alguna, y el recorrido de este palo resulta de por sí largo. El diez es su última estación y no su punto de partida.

Para qué sirven realmente las Copas

Lo que se siente y no se dice constituye su terreno, y ese es su terreno más útil. Sirve para nombrar sentimientos confusos, para descubrir expectativas no pronunciadas en los vínculos, para revelar patrones que se repiten en relaciones distintas y para preparar una conversación difícil. Sirve además para la revisión periódica de un vínculo existente, ya que descubre lo que ha cambiado en silencio. El límite permanece en todas esas aplicaciones: no se lee con él sobre los sentimientos ni las intenciones de una persona ausente, puesto que lo que sale entonces es proyección y no conocimiento. Dentro de ese límite este palo resulta el más preciso de la baraja y el más cercano a lo que de verdad ocupa a las personas. Por eso encabeza también todo lo que se le formula a las cartas.

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