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Significados del palo de Espadas

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El aire y lo que abarca

El aire es el elemento de las Espadas, y su terreno son el pensamiento, la palabra, el conflicto y la claridad. Es el palo más difícil de leer y el que más inquietud provoca, puesto que sus imágenes resultan las más nítidas de la baraja. Se dibuja en forma de espadas, y una espada es un instrumento que protege e hiere por igual, lo cual describe con exactitud la naturaleza del pensamiento. Se repiten en este palo los cielos grises, las nubes desgarradas por el viento y una tierra desnuda de cumbres afiladas, y todo ello dice que atiende a circunstancias despojadas de color emocional. Nada en sus paisajes crece ni suaviza su sentencia, y eso resulta deliberado y no un defecto del dibujo. Se repite además el ave como signo del pensamiento y de las noticias. Se repiten también las nubes desgarradas como signo de un aire que todavía no se ha asentado.

Los tres signos de aire

Tres signos de aire acogen este palo: Libra, Acuario y Géminis. El dos de Espadas es el primer decanato de Libra con la Luna, el tres es el segundo decanato de Libra con Saturno, y el cuatro es el tercer decanato de Libra con Júpiter. Después la serie pasa a Acuario en el cinco, el seis y el siete, y a Géminis en el ocho, el nueve y el diez, mientras que el as permanece como raíz del elemento. Ese orden explica posiciones concretas: la presencia del ocho en Géminis con Júpiter explica cómo los pensamientos crecen por sí solos hasta formar un muro, la del nueve en Géminis con Marte explica que el empuje se vuelva hacia dentro en horas nocturnas, y la del diez con el Sol explica que termine en un amanecer. El as permanece fuera de ese reparto como raíz del elemento.

De la claridad a la separación

La serie abre con una mano que sale de una nube alzando una espada que atraviesa una corona, es decir, una claridad llegada de repente que trae poder y no sosiego. Sigue el dos con una mujer de ojos vendados que sostiene dos espadas cruzadas, es decir, un estancamiento entre dos opciones cuyas fuerzas se anulan. Sigue el tres con un corazón atravesado por tres espadas bajo la lluvia, es decir, una verdad dicha que no puede recogerse. Sigue el cuatro con un caballero tendido y tres espadas colgadas en el muro sobre él, es decir, la convalecencia posterior a la herida, con las espadas ya retiradas del cuerpo. Sigue el cinco con un hombre que recoge espadas mientras dos se alejan, es decir, un desacuerdo terminado en separación y no en solución. Dos espadas quedan en el suelo sin recoger, y esa victoria tampoco fue completa.

Del tránsito al amanecer

Viene después el seis con una barca que traslada a dos personas hacia aguas más tranquilas y seis espadas clavadas en sus tablas, es decir, un tránsito en el que el pasado viaja con quien lo hace. Viene el siete con un hombre que abandona un campamento llevándose cinco espadas y dejando dos, es decir, una astucia ejecutada a medias. Viene el ocho con una mujer atada con una tela holgada dentro de un círculo abierto de espadas, es decir, un cerco levantado desde dentro. Viene el nueve con una persona incorporada en la cama de noche y nueve espadas en el muro sin que ninguna haya caído, es decir, la ansiedad por lo que no ha ocurrido. Viene el diez con una figura tendida y diez espadas en la espalda y un cielo que se aclara en el horizonte. Diez espadas superan con mucho lo necesario para terminar algo, y ese exceso resulta deliberado.

Los cuatro rostros del aire

El aire recorre cuatro etapas en una persona, y las figuras de la corte las recogen. La Sota de Espadas está de pie contra el viento alzando una espada más pesada que su capacidad, y eso es curiosidad y observación aguda sin sentido del momento. El Caballero de Espadas se lanza sobre un caballo que casi vuela, y eso es velocidad y resolución con dificultad para atender al modo de hablar. La Reina de Espadas aparece sentada sobre una capa de nubes con la mano izquierda alzada en señal de invitación a hablar, y eso es una claridad adquirida por experiencia. El Rey de Espadas mira de frente y su espada aparece algo inclinada, y eso es una regla que admite el examen del caso particular. Las mariposas aparecen en los tronos de la Reina y el Rey y señalan que ese discernimiento se adquirió. En las demás cartas de este palo no aparecen en absoluto.

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Cuando las Espadas dominan una tirada

Su predominio indica un asunto mental: una conversación, una inquietud, una decisión atascada o una necesidad de claridad. Indica además que el asunto se trata con la palabra y no solo con la acción. Conviene distinguir dos formas de ese predominio: una acumulación de números bajos indica una etapa de decisión y estancamiento, mientras que una de números altos indica agotamiento mental y ansiedad. Cuando aparecen muchas Espadas en una lectura sobre dinero o sobre trabajo, el asunto es inquietud y no una situación material, y esa observación resulta tangible y ahorra multitud de lecturas sin resultado. Su ausencia en una lectura sobre un desacuerdo indica en cambio que el asunto no está en la comprensión sino en otro lugar, con más frecuencia en los sentimientos o en los recursos. Esa observación evita reformular la pregunta en vano.

Cómo se leen sus cartas duras

Este palo contiene las imágenes más nítidas de la baraja, y por eso su lectura conviene afinarla. El tres de Espadas no anuncia una separación inevitable sino que describe una verdad dicha o pendiente de decirse. El nueve de Espadas no describe una desgracia sino una ansiedad nocturna, y sus espadas cuelgan sin que ninguna haya caído. El diez de Espadas no describe el final de una vida sino el final de un capítulo, y su cielo se aclara en lugar de oscurecerse. Al leer para otra persona conviene describir la imagen antes de pronunciar el nombre, ya que los nombres de estas cartas interrumpen la escucha. Se leen todas en el plano del significado y no del suceso material, y ese límite no se cruza al leer para otro. Explicar la estructura de la imagen previene una inquietud sin fundamento.

Para qué sirven realmente las Espadas

Dos asuntos recurrentes constituyen su terreno propio. El primero es la diferencia entre reflexionar y rumiar: una reflexión auténtica produce algo nuevo y cabe en unas pocas líneas, mientras que dar vueltas repite lo existente y agota a quien lo hace. El segundo es la diferencia entre lo que ocurre y lo que se imagina, y ese es en particular el asunto del nueve. Conviene añadir aquí un límite tangible: si la inquietud dura semanas y afecta al sueño y a la vida diaria, excede lo que este instrumento atiende, y hablar con un médico o con un profesional constituye un paso adecuado y no una exageración. Esa distinción ahorra una cantidad considerable de autoacusación inútil. Estas cartas describen un golpe real y no un diagnóstico.

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